Juan Ramón Jiménez

Y SE QUEDARÁN LOS PÁJAROS CANTANDO

El grandísimo poeta que fue Juan Ramón Jiménez nació en Moguer (Huelva) en 1881, y murió en San Juan de Puerto Rico en 1958, apenas dos años después de recibir el más alto galardón de las letras universales, el Premio Nobel de Literatura.

Juan Ramón fue un hombre muy sensible, siendo casi enfermizo. Eso le llevaba a gozar y a sufrir mucho más que la mayoría. Tuvo que ser internado en un sanatorio tras la muerte de su padre. A lo largo de su vida se vio afectado por abundantes crisis nerviosas. No soportaba la vida de las grandes ciudades: ruido, prisa, espacios cerrados, actividad febril...

A pesar de ello, su vida estuvo marcada por los viajes: Sevilla, Madrid, Francia, América; y en América, Cuba, EEUU, Argentina...

Siempre que podía regresaba a su pueblo blanco, a su Moguer natal, su nido, junto al mar, junto a los pinos, junto a la sierra, para pasear a caballo, observar la naturaleza, recobrar la paz interior y escribir. En una de esas épocas de retorno a sus raíces hogareñas, a la tierra de su feliz infancia, escribió Platero y yo, la inmortal elegía andaluza de la que se han apropiado los niños/as.

Pero su vida fue, ante todo, una gran historia de amor. Una mujer extraordinaria cambió su vida: Zenobia Camprubí. Se casaron en 1916 y ya sólo la muerte pudo separarlos muchos años después. Ella lo fue todo para Juan Ramón: amor, mujer, madre, amiga, enfermera, secretaria, musa... Cuando falleció en 1956, el poeta no pudo resistirlo y murió al poco tiempo para reunirse con ella.

Otro acontecimiento influyó poderosamente en su vida: el estallido de la Guerra Civil. Aunque no era un hombre muy significado politicamente, se exilió durante el conflicto y ya nunca regresó a España.

Recomendamos el visionado del siguiente video:

https://www.youtube.com/watch?v=S9_pMsXo7MQ